Hace unos meses viví un ingreso hospitalario en primera persona y comprendí, desde dentro, cómo una ausencia repentina impacta no solo en quien está ingresado, sino también en sus animales. No hablo solo de perros, sino también de gatos, conejos u otros animales que forman parte de la familia y con los que se tiene un vínculo profundo.
Fue la persona con la que mis perritas tenían un vínculo previamente trabajado quien me comentó que las notaba algo diferentes: más pendientes de la puerta, más atentas a ciertos ruidos, con pequeños cambios en su rutina diaria.
Cuando volví a casa, estaban más inquietas de lo habitual en el primer momento, como si necesitaran comprobar que realmente ya estaba allí. Pero enseguida se recolocaron. Entendieron que había vuelto.
Y fue ahí donde confirmé algo importante: el vínculo es fuerte, pero también lo es su necesidad de estabilidad. Cuando la persona referente desaparece sin poder anticiparlo, el impacto existe, aunque luego sepan adaptarse.
Desde mi experiencia profesional acompañando familias, y ahora también desde mi propia vivencia, puedo decir que la diferencia no está en evitar la situación —porque a veces no se puede— sino en cómo la preparamos.

Impacto en el perro y comportamientos comunes
Cuando se produce un ingreso hospitalario inesperado, nuestros animales pueden experimentar cambios conductuales. No porque “sean dramáticos”, sino porque su referencia principal desaparece de manera brusca.
Algunos comportamientos habituales pueden ser:
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Mayor inquietud o hipervigilancia.
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Cambios en el apetito.
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Alteraciones en el sueño.
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Conductas más demandantes o, por el contrario, más inhibidas.
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Mayor sensibilidad ante estímulos cotidianos.
Ellos no racionalizan la situación como nosotros. No anticipan una operación ni entienden un parte médico. Perciben ausencia, cambios de olor, alteraciones en rutinas y estados emocionales diferentes en el entorno.
Por eso es tan importante que exista una red de apoyo real, previamente construida, donde el animal ya haya generado vínculo con la persona que podría cuidarlo en caso de emergencia. No se trata solo de “quedarse a cargo”, sino de sostener emocionalmente.
Acciones recomendadas y visitas hospitalarias de las mascotas
La prevención emocional también forma parte del bienestar animal.
Tener conversaciones incómodas pero necesarias puede marcar una diferencia enorme. Igual que organizamos documentos importantes, deberíamos poder organizar la información básica sobre nuestros animales.
Algunas acciones clave:
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Trabajar el vínculo con una persona de referencia antes de que ocurra cualquier imprevisto.
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Mantener rutinas lo más estables posible.
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Decidir previamente si el animal permanecería en su casa o se trasladaría a otro entorno ya conocido.
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Dejar indicaciones claras y accesibles.
Botiquín emocional de emergencia
Conviene tener por escrito:
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Alergias.
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Alimentación específica y cantidades.
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Medicación y pautas.
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Rutinas diarias.
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Miedos o sensibilidades.
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Cartilla sanitaria.
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Veterinario de referencia y contacto.
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Seguro y datos identificativos.
No es alarmismo. Es responsabilidad y cuidado consciente.
Perros en hospitales
En cuanto a los perros en hospitales, sabemos que en la mayoría de centros las visitas de animales no están permitidas, salvo en programas muy concretos y regulados. Sin embargo, cada vez existen más experiencias piloto donde, bajo estrictos protocolos de zoonosis y bienestar animal, se permite el acompañamiento puntual.
Sería interesante que en el futuro más hospitales pudieran contemplar esta posibilidad de forma regulada, siempre bajo criterios profesionales claros, evaluando que realmente beneficie tanto a la persona ingresada como al animal.
No desde el egoísmo humano, sino desde una mirada ética, organizada y respetuosa.
Quizá el siguiente paso no sea abrir puertas sin orden, sino empezar a integrar protocolos bien diseñados que contemplen esta realidad que ya existe en algunos lugares.
Cuando hablamos de bienestar, hablamos también de previsión. De red. De responsabilidad compartida.
Porque cuidar el vínculo significa sostenerlo incluso cuando no podemos estar presentes.
Y eso también es amor.
Con cariño,
Beatriz Martínez - Psicopedagogía emocional
www.psicopedagogiaemocional.
