Desde mi experiencia en intervención asistida con perro y la vida compartida con mis compañeras de cuatro patas me han enseñado algo que muchas veces pasa desapercibido: el descanso no es un lujo, es una necesidad biológica y emocional.
Vivimos en una sociedad acelerada. Nos movemos mucho, hacemos planes, trabajamos fuera de casa, recibimos visitas y a veces olvidamos que nuestros perros no necesitan el mismo ritmo que nosotros. Ellos necesitan estabilidad, previsibilidad y, sobre todo, descanso de calidad.
No hablo solo de dormir muchas horas. Hablo de descanso real.

¿Por qué el descanso es vital para tu perro?
El descanso regula el sistema nervioso, permite integrar aprendizajes, recuperar energía física y equilibrar emociones.
Si no descansan bien, pueden estar más irritables, más dispersos y menos tolerantes a estímulos. Y eso no es “mal comportamiento”, es pura fisiología.
Los perros adultos pueden dormir entre 12 y 16 horas al día, y los cachorros incluso más. Sin embargo, muchos viven en entornos donde el descanso está fragmentado: ruido constante, interrupciones, caricias mientras duermen, cambios continuos de espacio.
A veces escucho: “Pero si está todo el día tumbado”. Estar tumbado no siempre significa descansar profundamente.
El verdadero descanso implica seguridad. Implica poder entrar en fases profundas de sueño sin estar en alerta constante.
En las sesiones con familias suelo explicar algo muy sencillo: si queremos un perro equilibrado, necesitamos garantizar descanso para perros 10. Y eso no se logra solo con cansancio físico, sino con estructura y límites saludables.
Un perro sobreestimulado no es un perro feliz. Es un perro agotado.
La importancia de sus espacios propios
Hay algo que defiendo mucho tanto en casa como con las familias con las que trabajo: cada perro necesita un espacio propio.
Un lugar que no sea invadido continuamente, donde no haya manos entrando y saliendo. Donde pueda retirarse sin sentirse vigilado.
Ese espacio es su refugio. Puede ser una cama concreta, una zona tranquila del salón o una habitación específica. Lo importante no es el tamaño, sino el respeto.
Cuando un perro sabe que tiene un lugar seguro al que acudir, su sistema nervioso se regula con mayor facilidad. Baja la activación. Se siente protegido.
En intervención asistida esto es clave: dentro de la sesión, si se retira a su cama no le molestamos. Después de la sesión, un buen paseo de olfato. Necesita desconexión real.
Y esto vale también para cualquier familia: si queremos equilibrio, debemos enseñar a niños, niñas y adultos a respetar esos momentos. El descanso no se interrumpe para una foto ni para una caricia impulsiva.
El respeto a sus espacios es respeto a su bienestar.
Cómo crear rutinas de sueño estables para tu canino
Las rutinas no son rigidez. Son previsibilidad. Y la previsibilidad genera seguridad.
Algunas pautas que suelo compartir con las familias:
-
Mantener horarios similares de paseo y alimentación.
-
Reducir la estimulación intensa antes de la noche.
-
Evitar juegos muy activantes justo antes de dormir.
-
Crear una secuencia tranquila nocturna: paseo relajado, luz más tenue, menor ruido.
-
No permitir interrupciones constantes mientras duerme.
También es importante observar. Cada perro tiene su propio ritmo. Algunos necesitan más aislamiento, otros prefieren dormir cerca de su tutor o tutora. Lo esencial es que el descanso sea profundo y no constantemente fragmentado.
En casa he aprendido que cuando protejo sus rutinas, todo fluye mejor. El descanso no es tiempo perdido. Es inversión en bienestar.
A veces creemos que un perro necesita más actividad cuando en realidad necesita más calma, más pausas, más estructura.
Si tuviera que resumirlo en una frase que repito mucho en intervención asistida sería esta:
“Un perro bien descansado es un perro disponible emocionalmente.”
Y por último, quiero compartir algo esencial. El bienestar animal no solo lo trabajo con familias. También lo llevo a colegios a través de talleres, porque los pequeños son el futuro.
Cuando sembramos respeto hacia los tiempos de los animales, sus espacios y su necesidad de descanso, estamos construyendo una sociedad más consciente.
He visto cómo niños y niñas que al principio querían tocar constantemente a Sira, terminan diciendo:
“Está descansando, mejor no le molestamos.”
Ese cambio de mirada lo transforma todo.
Si aprendemos desde pequeños que el descanso es sagrado —para ellos y para nosotros—, estaremos creando un futuro donde la convivencia sea más empática y equilibrada.
Porque cuidar su descanso es cuidar su dignidad.
Y cuando respetamos sus tiempos, también empezamos a respetar los nuestros.
Con cariño,
Beatriz Martínez - Psicopedagogía emocional
www.psicopedagogiaemocional.
