Cuidar la alimentación de tu perro desde el cuenco
Cuando pensamos en la alimentación de nuestros perros solemos fijarnos en qué comen, cuánto o cuántas veces al día. Sin embargo, hay otros pequeños detalles que también forman parte de ese cuidado: dónde comen, en qué recipiente, cómo lo mantenemos y qué ocurre alrededor de ese momento.
El cuenco puede parecer un elemento secundario, pero forma parte de una rutina que se repite todos los días. Y precisamente por eso merece que le prestemos atención.
Cómo elegir el comedero adecuado para tu perro
No existe un único comedero perfecto para todos los perros. Su tamaño, edad, forma de comer, movilidad o determinadas necesidades físicas pueden hacer que una opción resulte más adecuada que otra.
El recipiente debería permitir que el perro acceda cómodamente al alimento, tener un tamaño acorde a la cantidad que necesita y mantenerse estable mientras come. También debemos observar al individuo: hay perros que comen muy despacio y otros que prácticamente engullen; perros senior con dificultades de movilidad y otros que necesitan determinadas adaptaciones.
Con mis perritas he aprendido que algo tan cotidiano como un cuenco tampoco tiene por qué mantenerse igual durante toda su vida. Igual que adaptamos su alimentación cuando cambian sus necesidades, podemos revisar también la manera en la que se la ofrecemos.
Y esto no se limita a casa.
Cuando alguna de mis perritas me acompaña a las sesiones de intervención asistida con perro, llevo todo lo necesario para atender sus necesidades durante ese tiempo: agua, comida cuando corresponde y sus propios recipientes. También cuando salimos a la naturaleza o pasamos varias horas fuera de casa.
Para estos momentos, los recipientes plegables resultan especialmente prácticos porque ocupan poco espacio y permiten mantener esa rutina fuera del entorno habitual. Entre los accesorios de Food for Joe, por ejemplo, podemos encontrar un bowl plegable que responde precisamente a esta necesidad. No se trata tanto de un accesorio concreto como de algo que para mí es importante: si salimos con nuestros perros, sus necesidades también viajan con nosotros.
Higiene y cuidado del comedero
Si nosotros no comeríamos todos los días en el mismo plato sin lavarlo, tampoco tiene demasiado sentido hacerlo con nuestros perros.
Los restos de alimento, la saliva y la humedad se acumulan en los recipientes, por lo que mantener una higiene adecuada forma parte de los cuidados cotidianos. Es importante retirar los restos después de las comidas, lavar regularmente los cuencos y prestar también atención al recipiente del agua, que en ocasiones pasa más desapercibido.
Cuando estamos fuera de casa, además, conviene llevar agua limpia y evitar que nuestros perros tengan que beber de recipientes compartidos por muchos animales cuando podemos ofrecerles el suyo propio.
Son gestos pequeños, pero el bienestar se construye muchas veces precisamente a través de esas pequeñas decisiones repetidas cada día.
Rutinas de alimentación: horarios y hábitos
La alimentación también puede convertirse en una oportunidad para hablar de rutinas, calma y autocuidado.
Es algo que traslado a algunas de las sesiones que realizo. Mientras cuidamos el bienestar de la perrita que me acompaña, podemos reflexionar con los participantes sobre nuestras propias necesidades.
Ella necesita un lugar adecuado para comer o beber, un tiempo tranquilo y unas rutinas que tengan sentido para ella. ¿Y nosotros? ¿Elegimos dónde comemos? ¿Nos sentamos tranquilamente? ¿Respetamos nuestros horarios? ¿Comemos con prisas, delante de una pantalla o mientras hacemos otras cosas?
No se trata de equiparar las necesidades humanas y caninas, sino de utilizar una situación cotidiana para observar cómo cuidamos a otro ser vivo y cómo nos cuidamos nosotros mismos.
En algunas actividades, preparar su espacio, ofrecerle agua o acompañar tranquilamente un momento de descanso nos permite trabajar en paralelo hábitos, organización, responsabilidad y autocuidado con los participantes. El bienestar animal no queda entonces separado de la intervención, sino que forma parte de ella.
También en casa podemos favorecer que el momento de comer sea agradable y tranquilo. Esto no significa establecer horarios rígidos para todos los perros ni aplicar una única fórmula. Algunos necesitarán repartir su alimentación en varias tomas, otros tendrán rutinas diferentes y estas podrán modificarse según la edad, la salud o las circunstancias.
Lo importante es encontrar una organización adecuada para ese perro y procurar que la alimentación no esté rodeada continuamente de prisas, interrupciones o excitación.
Porque cuidar la alimentación no empieza y termina en elegir qué ponemos dentro del cuenco. También está en cómo lo ofrecemos, dónde, en qué condiciones y qué espacio damos a ese momento.
A veces, observar cómo cuidamos algo tan sencillo en nuestros perros puede llevarnos también a hacernos una pregunta: ¿estamos reservando el mismo tiempo y atención para nuestras propias necesidades cotidianas?
Con cariño.
Beatriz
Psicopedagogía Emocional
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